lunes, 11 de mayo de 2026

Discurso

 


Mi hija hoy tiene 13 años…la misma edad que tenía mi madre cuando quedó embarazada de mí. Esa misma niña, cinco años después, se fue de esta provincia a buscar mejores oportunidades, lejos de acá. A mí me criaron mis abuelos, en un contexto humilde. De hecho, uno de los más humildes del barrio en el que crecí.

Siendo yo todavía muy niño, mi papá —mi abuelo—, sufrió una hemiplejia que le dejó medio cuerpo inmovilizado. Y desde ese momento, fui su ayuda…fui las partes que él no podía mover. De él aprendí a trabajar…y a no darme por vencido por absolutamente nada.

Mi mamá —mi abuela—, fue una mujer de carácter…pero como suele pasar con las personas de carácter, tenía un corazón enorme. De ella aprendí a sensibilizarme por los demás, a estar atento, a mirar al otro…a advertir.

Fui a la escuela pública, a la Escuela Zelada y Dávila. Antes había mucho tiempo libre y también había organizaciones que se encargaban de ocuparlo. Fui habitué de los centros vecinales: del barrio Antártida II, del barrio Vargas, del Polideportivo de Vargas, el club San Lorenzo. Esos lugares, donde “jugar a la pelota” era, en realidad, una excusa para que personas, como Esteban Barón, eduquen y transmitan valores de forma desinteresada.

Terminé la secundaria en el Colegio Provincial Nº2, una escuela vespertina que no tenía edificio. Ahí aprendí a reclamar y conseguimos el edificio donde hoy funciona. Un profesor de esa escuela de apellido Dominguez me dijo “Usted debería ser docente”. A ese consejo se sumó un folleto de las carreras que dictaba esta institución: el ISFD “Albino Sánchez Barros”.

Estaba seguro a inscribirme al profesorado de Historia. Pero Mela, la bedel de encargada de la inscripción, me convenció para estudiar Tecnología. Muchas gracias, Mela. Con la soberbia de los 17 años, creí —equivocadamente— que la carrera iba a ser simple. Pero tuve el privilegio de encontrarme con docentes de un nivel extraordinario: Mercedes “Monona” Cabral Barros, “Chinona” Brizuela, Ing. Laura Sáenz, Mónica Aballay, Ing. Eduardo Brizuela, Horacio Gallardo, Ahidé Simone, Irma Gho y un director llamado Alejandro Navarro Santana. Injustamente olvido a muchos otros docentes que me enseñaron hasta a escribir. Me recibí de profesor gracias a mis compañeros: María Elena Portales y Pedro “Piri” Martínez.

Tan pronto comencé a trabajar, presenté una idea al Ministerio de Educación. Tuve la suerte que una profesora que no conocía, llamada Liliana Riccioni, la considerara y me integrara a el equipo de Susana Acosta con quien creamos el primer portal educativo de La Rioja. En ese contexto, conocí a Javier Cobresí, el presidente de Internet para Todos quien tenía por misión distribuir 60mil XO del programa “JVG”. Esa tarea, no sé por qué, me la designó a mí. Después creamos una fábrica de ensamble de componentes digitales. Organicé el primer equipo de facilitadores TICs (lo que hoy se llaman administradores de red) con quienes organizamos olimpiadas de programación y robótica para escuelas primarias. Por mas ideas que fueron surgiendo viajé tres veces a China y la UBA (Universidad de Buenos Aires) en dos oportunidades. Puedo decir que tengo diplomas y medallas de la UBA.

Con este breve recorrido no busco impresionar, ni conmover a nadie. Mi intención es que sepan que este reconocimiento no es para Jorge Cabrera. Están reconociendo a todas las personas con las he tenido la buena fortuna de cruzarme en mi vida.

Soy un niño que ha tenido mucha suerte, un niño que vistió la ropa que les sobraban a los vecinos, que estudió en la escuela pública con docentes comprometidos, que creció centros vecinales y en clubes. Soy la fiesta del Día del Niño que alguien organizó. Soy los libros que me prestaron. Soy el conocimiento y las enseñanzas de mis docentes. Soy la generosidad de mis amigos. Soy el cariño de mis tíos que se comportaron como hermanos mayores, soy el hermano mayor de cinco hermanos que me esperaban como visita en una ciudad lejana.

Soy la voluntad de mi padre, el carácter de mi madre, y sobre todo…: soy la valentía de una niña que decidió darme la vida.

Yo no hice otra cosa que imitar todo eso. Por eso, este reconocimiento es de ellos y de todas las instituciones públicas y gratuitas que me formaron.

En esas olimpiadas de programación y robótica que mencioné, participaron niños de escuelas de diferentes contextos. Uno de esos chicos, que fue campeón en esas olimpiadas, es hoy uno de los ingenieros que participó en el desarrollo del robot humanoide presentado hace unas semanas acá en La Rioja.

Entonces sí… si funciona. Doy fe de que hacer cosas por el otro es la mejor inversión que podemos hacer como sociedad. Aunque muchas veces no sepamos para qué, aunque no veamos los resultados inmediatos.

Eso es lo que hacemos los docentes. Esas pequeñas acciones todos los días impactan. Transforman. Dejan huella. Las probabilidades de que el changuito que describí esté hablando ahora acá, en esta situación, en estas circunstancias: son remotas. Pero los riojanos somos personas increíbles y generosas. Solo nos tenemos a nosotros mismos. Sigamos haciendo cosas por los demás y reconozcamos a quienes nos permiten crecer.

Querida concejal Karina Martínez, la voy a sumar a esa lista de personas que mencioné. Usted, sin interés alguno, sin conocer más que lo que estoy haciendo ahora y con una generosidad enorme —y quizás un poco de exageración— creyó que yo podía ser alguien destacado.

Para terminar, quiero contar que cuando comencé a trabajar como docente, no podía creer que me pagaran por hacer lo que hago. Hoy… mi sueldo ya no me genera la misma alegría y me quedan 17 años para jubilarme. Pero aspiro pocas cosas:

-          Que mi Hija sea la persona más feliz del mundo.

-          Que la profesora de quien soy suplente se jubile pronto.

-          Que la IA no me reemplace

-       Y tener la fuerza necesaria para seguir haciendo cosas que nadie me pide, por personas que no conozco.

 

Nada más. Muchas gracias.

sábado, 16 de marzo de 2024

El madrugador de siestas

    Qué vida ingrata la del obrero que en las siestas de febrero, debe escapar de su pieza que parece un horno. Con sus sueños a cuesta, sale al patio a buscar alivio bajo la sombra de su parra. Casi desnudo y con el ceño fruncido, monta una vieja silla y cada tanto ahuyenta moscas o mosquitos chicoteando sus tobillos como si fuera un jinete que apresura el galope del tiempo. 

    Está inexpresivo y pensativo. Con sus ojos bien abiertos y su mirada fija en una orilla perdida del silencioso patio de tierra. De a uno aparecemos los que veneramos a ese hombre. Mi madre, mis hermanos y yo. Nos sentamos cerca y lo rodeamos como si fuera un monumento sagrado.

    Repentinamente, el niño que duerme en su mirada nos invita a jugar. Sus cejas hacen señas para que mojemos a su amada. Para nosotros sus hijos, más que por pícara complicidad, cumplimos como una orden con tal verlo sonreír.

   Entonces obedecemos, y esa mujer pierde la cordura por su necesidad de revancha. Corre a buscar pinturas mágicas y polvos sagrados de pan para transformar la realidad en un bello jardín de juegos, donde no existe espacio ni tiempo y nos sentimos inmortales. El juego es una batalla donde el premio es la risa. La cara de mi padre se llena de colores, como su cabeza y pecho cuando cada fin de año acompaña a Dios a encontrarse con el hombre. Sonríe porque ahora el calor le hace cosquillas y podemos ver en este juego quien es realmente ese madrugador de siestas.

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    La noche se acerca y ya nadie juega. Los coyoyos disimulan el callado ocaso y anuncian que ya debemos despertar de esos instantes de felicidad. 

    Febrero oscureció y marzo trajo otra vez la calma. El cuerpo sin vida de la alegría es de pintura, harina y barro, y yace desparramado en pequeños rincones de la casa. De a poco la sombra de la parra se vuelve inútil y otra vez la timidez se apodera de la familia. La sonrisa de mi padre se ha guardado en ese baúl de silencios que siempre quiero hurgar.

 
 

El Escribidor

sábado, 19 de noviembre de 2022

El inspector municipal que triunfa en la filarmónica de Viena

Esta es una de esas historias que se cuentan en reuniones familiares y en café de la rioja, pero nunca fue publicada. Es como la del soldado que bailó con una fantasma o esa conocida pareja que quedó trabada en un coito. 

jueves, 17 de noviembre de 2022

Tercera Transcripción

  17/11/2022  

    Ya no me encuentro en La Rioja. Hoy a la madrugada salí escondido en el baúl de un auto. Estoy viendo la forma de irme del País. 

    Cuando volví de trabajar, encontré en las paredes de mi casa escritas con sangre: "Infiel" en algunas partes y en otras "hereje". 

    Estos últimos textos los transcribí con el celular. Son las últimas hojas. Probablemente haya errores. Pero esto debe saberse, antes que lo eliminen.

sábado, 15 de octubre de 2022

Segunda Transcripción

15/10/2022

LEER PRIMERA PARTE    

    Les pido disculpas, recién puedo avanzar con la transcripción. Todavía me faltan páginas. Voy de lerdo porque tengo que buscar algunas palabras españolas antiguas en el diccionario. Por ejemplo; Abrego (viento suroeste) o Realengo (Villa o lugar perteneciente a un rey) Aimogasta era un Realengo. También reemplazo algunas formas típicas del español, como el dativo "Os", el posesivo "Vuestro" para hacer mas clara la lectura. 

    Ayer y hoy por la mañana me encontré con unos tipos que me observaban desde un auto. No estaban justo frente mi casa, sino a unos cuarenta metros. No sé quien o quienes me han leído estos días y si esta visita tiene que ver con lo que sospechaba. Ojalá sea paranoia. Soy vecino de un funcionario público y por ahí son policías de civiles que custodian a dicho funcionario. 

    Bueno, sin mas rodeos les envío lo poco que transcribí del documento:

jueves, 1 de septiembre de 2022

Primera transcripción

01/09/2022

Es una locura lo que estoy haciendo. Por eso voy a mantener mi identidad anónima. Hacer pública una verdad oculta por tantos años, traerá consecuencias serias. 

No voy a decir quién soy, porque no exagero al decirles que correría peligro mi vida si alguien me delata. Hablé con algunos de mis familiares cercanos y ellos no están de acuerdo con que haga esto. A mí no me importa nada. Voy a seguir adelante porque todos deberíamos conocer lo que voy a publicar.

Aclaro algo, apenas se sospeche quien soy, borraré este blog y quemaré el cajón con documentos que encontré.  

Todo comenzó la madrugada del primer lunes de febrero del año 2018. No andaba nadie en la calle, porque al otro día (en realidad al amanecer) era el primer día laboral del año para la administración pública y comenzaban las clases.

El banco Galicia que estaba ubicado frente a la iglesia catedral, había terminado de mudarse a otro edificio a dos cuadras de donde estaba. Frente a Colegio N°1, donde está actualmente. Yo volvía esa madrugada a mi casa después de trabajar en el parque industrial. No sé por que paré ridículamente para respetar el semáforo en rojo de San Nicolás de Bari y 25 de Mayo. 

Mientras esperaba el cambio del semáforo, vi un cajón de madera tirado al lado del contenedor con escombros que había en la peatonal. Aparentemente el banco la había dejado ahí, junto con muebles rotos y descartes de la mudanza.

Me llamó la atención. Crucé el semáforo, frené al costado de la vereda de casa de gobierno. Disimuladamente agarré el cajón y lo cargué en el baúl del auto. Fantaseaba con la idea de que había objetos de valor o dinero que el banco había tirado por error. Pero a decir verdad, me interesaba el cajón para guardar herramientas o cachivaches.

Hay cámaras en esa esquina, lo sé. Dudo que la policía guarde todavía videos del año 2018. También por eso me animo a publicar esto, porque estoy seguro que no quedó registro de esa noche.

Al llegar a mi casa, mi familia dormía. Puse a calentar un lomito que me guardaron para cenar. Mientras tanto, bajé el cajón del auto. Tuve que ingeniármelas para usar un corta fierro como palanca y no hacer ruido al quitarle las tablas clavadas. Cuando logré abrirla, encontré otra caja, pero de cartón. La abrí y adentro había una carpeta envuelta en film y ese plástico tipo burbujas. La tengo acá a mi lado en este momento. La tapa es de cuero y tiene impreso un logotipo que consiste en dos llaves cruzadas atadas con un cordón. Arriba de las llaves, un dibujo de esos sombreros que usan los obispos en algunas ceremonias, los que parecen pico de pájaro. Creo que se llama mitra. Debajo de este logotipo dice:


Archivum Secretum Apostolicum Vaticanum.

Paganismo in La Rioja, Vicereame del River Plate - Città di Tutti i Santi della Nuova Rioja, Sud America. Archiviato dal Papa Urbano VIII - Agni MDCXXVI- copia 2602/1982.

Primera interpretación y traducción del castellano antiguo a lengua moderna, año 1905. Revisión y anexados años: 1.925 – 1.946 -1.968 - 1.982 – 2.014 .


La carpeta tiene manuscritos antiguos en folios sellados. Están como plastificados y no son legibles. La letras es tipo gótica, muy dibujada y solo distingo algunas palabras. Es castellano antiguo parece. Pero cada una de los manuscrito tienen hojas anexas escritas en máquina de escribir, con la transcripción y traducción al español moderno. Hay varias notas al pie y fotos en las últimas hojas.

Los textos hacen referencia a un testamento o diario. Voy a comenzar a pasar estos textos en este blog. Que sirvan para conocer quienes fueron nuestros antepasados y entender por qué La Rioja es como es. 

Que Dios me ayude. 


lunes, 23 de mayo de 2022

Entrevista inesperada 2.0

    Hoy es feriado por el día de la escarapela. Otro de los tantos que tiene Mayo. Siesta de pileta para mi. La saqué en cuota en noviembre y recién vinieron a instalarla la semana pasada. Un gasto de esta magnitud merece ser disfrutado desde el primer día, con muchas selfies de por medio para las almas venenosas que deambulan en las redes sociales. Almas en pena que no hacen otra cosa que destilar envidia con comentarios como; “¿no te hace frio?”. ¡Dios mío!, Se les nota mucho el complejos de inferioridad.  

    Floto en la cámara de auto y bebo un vaso de Secco pomelo, que agarro con el dedo chico levantado. Inoportunamente el timbre suena e interrumpe mi momento de relax. El mayordomo no atiende la puerta porque no tengo por el momento, asique debo hacerlo yo. Me envuelvo en el deshabillé y voy a la puerta.

    Era una jovencita con rasgos norteños. Traía en una mano una carpeta con planillas y en la otra un lápiz. Al hombro una mochila con más instrumentos de registro (aparentemente). Vino sola, sin iluminador, ni fotógrafos, ni productores. 

Discurso

  Mi hija hoy tiene 13 años…la misma edad que tenía mi madre cuando quedó embarazada de mí. Esa misma niña, cinco años después, se fue de es...