viernes, 22 de enero de 2021

El suelo enamorado de la Luna

En el pasado, cuando la oscuridad era eterna, infinita e inmensa, el Suelo de La Rioja se enamoró de la Luna y extendió sus manos formando cerros para acariciarla. 

El Sol no se resignó a perderla. Desde el primer amanecer castigó insensiblemente al Suelo enamorado. Agrietó su piel, lo debilitó y torturó hasta dejarlo esquelético, con sus huesos minerales desparramados y expuestos. Sin embargo nunca pudo matarlo, porque justo al atardecer cuando la brisa fresca alivia el dolor, el Suelo saca del cerro su daga de sombras y hiere con vehemencia al astro, quien siempre cae mortalmente derrotado. Inmediatamente, comienza un rito profano, un festejo salvaje. El Suelo danza entre colores, pinta el cielo con la sangre del contendiente agonizante y, sin piedad, devora lentamente el cuerpo hasta apagarlo. 

Exhausto, el Suelo yace en la oscuridad y con sus manos extendidas llama a su amada. 

La luna, a veces testiga de la batalla, se entrega mansa en el silencio de la noche. El Suelo, con lujurioso desenfreno la toma con sus manos ásperas y la hace suya hasta el amanecer.

El Escribidor

lunes, 27 de abril de 2020

Guala

Sudabas lluvias de arcoiris. Las gotas fueron sembradas en suelos de cualquier lugar como en ropa modesta. Fuiste un niño envuelto en una armadura de un noble caballero. Tu escudo y espada fue el enojo compulsivo con el que intentaste vencer a los monstruos de la mediocridad y la imperfección. No supiste diferenciar fuertes de frágiles. 

Lograste domar caballos y dragones. Te hiciste amigo de las aves, las flores y pusiste banderas en lugares no conquistados. Criaste y enseñaste a volar a un gorrión, mientras creabas las mejores flores de tu vida. Antes de partir, pintaste el cielo en medio de un infierno oculto. Lamento no haberme hecho querer como correspondía. Ve en paz, tu dulcinea te espera. Hasta siempre.

 

miércoles, 15 de abril de 2020

Apocalipsis

El poder invisible de la muerte anda suelto. Sacude nuestras conciencia y nos obliga a examinar nuestras conductas. 

Los mas afortunados tienen alimentos y un techo donde guarecer con sus familias. Se ha arrasado con todo. Solo quedaron recursos básicos, lo imprescindible ahora es único. La fuerza de trabajo se conduce a lo esencial, a lo vital y a lo que realmente es necesario para otros humanos. Ese otro ha vuelto a aparecer entre las prioridades individuales. Hemos comenzado a comprender la fraternidad en su esencia. 

Las escalas de valores han emergido como titanes colosales, devorando las miserias en las que han estado sumergidos. Reviven virtudes perdidas, como la libertad de hacer por sobre la de parecer. La excelsa igualdad es iluminada por la finitud de la vida, que había sido ingenuamente despreciada y enviada a la oscuridad del olvido. El derecho y la necesidad de amar y ser amado es el único verso que reza en la constitución del inconsciente social. Caen velos que desnudan sanas, genuinas y anónimas voluntades al servicio de todos. Pero también, queda expuesta la vergonzosa incapacidad de oportunistas, pseudos líderes y de los que buscan provecho individual en esta tragedia. Ellos serán colgados en el árbol del tiempo como vergüenza pública.  

La humanidad camina por la senda que nos conduce a lo que se creía utopía. Las viejas generaciones pagan este pasaje, adelantando los tiempos de lo naturalmente irremediable.  

Ojalá sea la última lección. Después de este sacrificio tenemos una sola alternativa; ser mejores. Porque afortunadamente, el final de la humanidad como la hemos conocido, está cerca.

martes, 10 de marzo de 2020

La religión perdida - Cap 1

Ciudad de Todos los Santos de la Nueva Rioja,
26 de Febrero de 1610.

Recuerdo la maloca donde tomé prisionero al último chaman de Aimogasta. Mi memoria no olvida esa noche. La noche antes que lo mataran. Fue condenado a la hoguera porque así lo determina la inquisición española para los casos de brujería y herejía.

Estuvo dos días atado a un algarrobo que sombreaba un corral de cabras, en el campamento de olivicultores. No hacía falta atar a ese hombre octogenario, medio desnudo y lastimado que no mostró resistencia en ningún momento. Intimidaban sus casi dos metros de altura y rasgos toscos. Sin embargo, habría sido suficiente con ordenarle que no se moviera.
Victorino Peñaloza es mi nombre. Fui alfer de la unidad los Tercios Españoles. Me dieron de baja injustamente por discapacidad al perder dos dedos de la mano en la guerra de Alpujarras. Desde entonces soy maloqueador. Me fue fácil aprender de árabes y portugueses el oficio en el norte de África. Mi fama llegó a oídos de conquistadores del nuevo mundo y una oferta de doscientas mil varas de tierra y esclavos me fue propuesta por el conquistador Blas Ponce. A cambio, debía colaborar con su campaña en el sur de América, cazando esclavos. 

Zarpé de España el 26 de febrero de 1580. Desde entonces, nunca más he vuelto a ver el valle de Ebro. Al llegar a Santiago del Estero comencé de inmediato con mis tareas de encomendero. Durante veinte años administré salvajes de manera astuta, fría y cruel. Soy el único soldado que aprendió la lengua kakana. Fui felicitado y premiado. 

Luego de la fundación de esta ciudad, me pusieron al frente de una exploración hacia una zona que los nativos llamaban "pueblo de la vuelta oscura", y pronunciaban "Aimogasta". Un lugar árido pero muy fértil, apto para el cultivo de oliva. Mi misión era conseguir la mano de obra esclava necesarias para las labores de aquel emprendimiento. Maloqueábamos en la falda de los cerros cercanos. Cazábamos salvajes mansos. Eran altos y fuertes, comparables con los negros africanos que compraban los franceses a los árabes. 

En un atardecer, cabalgábamos de regreso al campamento. De repente en una loma en el valle de la paloma ("Udpinango"), se veían destellos que salían de una cueva. Me separé de la tropa y fui directo a aquel lugar. Bajé del caballo, desenfundé mi espada y me acerqué sigilosamente escondido entre arbustos. Un salvaje anciano y siete hembras estaban en pleno ritual. Bailaban y cantaban imitando sonidos de animales en medio de humo y brebajes. 

viernes, 22 de noviembre de 2019

Carta desde el pasado para mi Hija

Hola María. Acá es 8 de Agosto de 2019. No sé qué día y año es ahí ahora. Cuando leas esto, yo estaré aquí en el pasado. 

En mi imaginación te veo ahí como una mujer a la que necesitaría contarle lo bello y hermosa que eres acá en el pasado. Lo feliz que me haces con tu existencia.

En unos días cumplirás siete años. Todos los días te digo te amo sin pudor e intento fundirme para siempre contigo en cada abrazo que te doy.  

El paso del tiempo me asegura que en el futuro ninguno de los dos seremos lo que somos acá. Ahora tengo 37 años. Todavía me considero joven. Dentro de pocos años vas a dejar ser niña y yo en menos años de los que ya he vivido dejaré de ser joven. 

¿Cómo es el futuro? Si estoy contigo ahora, me da miedo que muchas cosas sean diferentes. Temo que los abrazos ya no sean tan frecuentes, que la costumbre de decirte te amo haya sido reemplazada por un silencio patético y pudoroso. Que mis chistes ya no te causen risas y mis cosquillas ya no sean tan efectivas para cambiar tu estado de ánimo. Espero haberme resignado sabiamente a dejarte ser, a dejarte elegir libremente. También espero haberme asegurado que seas un mujer libre. Incluso, que ya no me necesites.

Hoy me preguntaste de repente, sin preámbulos - ¿Cual es el secreto que nunca me contaste?. No supe que responder. Pensé qué cosas nunca te había contado. Te conté que viví un tiempo en otro lugar, lejos de acá. Creo que no lo sabías, pero tampoco te importó. No te conformó mi respuesta. 

Tu objetivo era otro. Hiciste una pregunta cuya respuesta ya la sabías. Me dijiste que hace poco te había contado como un secreto, que tenía muchas ganas de comprarme un auto nuevo. Y me reprochaste diciendo - ¿Qué pasó? ¿Por qué no tenes el auto que querías?-. Te expliqué que no es fácil comprar un auto. En realidad, a veces el dinero no es suficiente para comprar lo que uno desea. 

Sin dudar un segundo, y creo que era un plan que también lo tenías premeditado, fuiste a tu pieza y trajiste el dinero de los dientes que ya cambiaste. Me lo diste a todo, sin basilar, para que me compre el auto. 

Ebrio de ternura, pero torpemente con la intensión de explicarte algunas cosas de la vida, te dije; - No alcanza, Hija -. Honestamente no quise engañarte, ni generarte una ilusión que me reprocharías pronto.

Nada te detuvo. Tu lección todavía no había terminado. Me dijiste que ibas a vender dibujos para juntar el dinero que hacía falta. Volviste a tu habitación y te pusiste a trabajar. Apenas terminaste tres dibujos, me pediste que te acompañara a la calle a venderlos. Fuimos a la vereda y comenzaste a gritar - ¡Vendo dibujos! ¡Vendo dibujos!.





Me sentí avergonzado de mi pseudo enseñanzas.
Cuando leas esto que te cuento en esta carta, ruego que todavía conserves ese corazón. Que de esa inocencia haya germinado sabiduría y el tiempo te haya forjado esa misma decisión, el coraje y la valentía para hacer posible lo imposible, para lograr lo que tanto anhelas en la vida. Así, con esos gritos, pídele a la vida lo que quieres. 

Muy temprano ya sabes que lo material es simple de dominar cuando se tiene un alma pura. Porque el objetivo no es ostentar, sino hacer realidad el secreto de tu Padre. 

Pienso que tu alma en ese cuerpito, conserva la pureza del universo y que en cada acto en tu niñez transmites un mensaje divino. En estos siete años me enseñaste a vivir. He tomado en serio cada cosa que dices cuando tu luz encarnada en la tierra transmite mensajes del universo. Mensajes que trascienden lo terrenal, el tiempo y el espacio. Bendita la memoria que escribe en mi corazón estos momentos y fomenta la fe en que seremos eternos.

He visto tu alma. Ojalá alguien mas pueda verte con estos ojos. Ojalá muchos mas puedan verte el alma con los ojos del amor.

Si estoy ahí contigo en este momento, ve ahora y reprochame si no he logrado mis sueños, reclamame si no he alcanzado esos anhelos secretos que te he contado. Vuelve a sacudirme con tus preguntas inocentes. Enséñame como salir a la calle a gritar con el corazón y reclamar el universo que nos pertenece. Porque nada es imposible. Vuelve a enseñarme que la voluntad es el medio. Vuelve a decirme que la vanidad es la peor barrera y que la felicidad se logra con la felicidad del otro. 

Te amo para siempre. 

Tu Papá 
(desde el pasado).


lunes, 22 de julio de 2019

Ladrones de cuentos

- Papá, ¿Me vas a leer el cuento?
- Si Hija, ya voy.

No se que cosas profanas al amor me distrajeron y demoraron. Pasaron varios minutos cuando recordé que me habían encomendado una lectura.

A Ella le encanta que le lea antes de dormir. Monta sobre corceles alados y cabalga en su imaginación. Ella me concede la oportunidad de ser padre y yo, yo siento que somos felices.

Llegué a su pieza, María ya dormía. La ví en la cama sin poder hacer nada. Ya se había embarcado sola en un sueño de niña. Y quedé ahí parado solo, como viajero que llegó tarde a su embarque, y desde el muelle, mira como el barco se pierde en el horizonte.

Ya no podía hacer nada. Despertarla sería cometer una crueldad ridícula para apaciguar la culpa. Además, nada tendría sentido.

Debo marcharme derrotado. El tiempo y los sin importancia le robaron un cuento a mi Hija, y dejaron como rastro el remordimiento por haber perdido un momento de mi vida.

viernes, 22 de febrero de 2019

Detrás de esa reja


Ahí afuera está quien quiero ser. Ahí afuera están mis sueños, mis anhelos mas profundo. Llegué acá adentro solo. Nadie me trajo. Un dia desperté siendo el asesino de mis fantasías de niño, desperté siendo quien mató el ser anhelado.

Estoy encerrado en la persona que no quiero ser. Esa es mi condena. Estoy pagando el delito de haber dejado de soñar, el delito de no haber luchado para ser quien debí ser. El delito de no ser mejor.

Pero no soy cobarde. Voy a pagar cada segundo de la condena. Tengo la valentía y la fuerza suficiente para despojarme de las culpas, con golpes y gotas de sudor. Porque me sobra corazón y voluntad.
Porque se que la única forma de escapar de esta carcel será superandome, despojandome de la escoria, volar libre y ser quien quiero ser.

El Escribidor