domingo, 9 de febrero de 2014

Falsos Cantores Populares

Bastardos mal llamados cantores populares. No son otra cosa que profanadores y comerciantes de la esencia de nuestra cultura. Se involucran temporalmente como aves de rapiña y se llevan nuestra carne para alimentar a los que sean capaces de pagarles. Ni se enteran que son bufones cantores de coplas sin rima esperando del bolsillo del usurero un favor o una prima. 
Protegidos por cobardes muros, juntados con elites ingenuas y aduladoras, alimentan la bestia hambrienta de su ego. Hacen sacrilegios al recrear en forma ficticia lo que en las calles de barrios y pueblos, pobres y olvidados, nace de forma natural. Donde Chayar con desconocidos no es más que un acto de amor. Donde los tímidos que cantan por una botella de vino, en marzo vuelven al anonimato y la rutina del año.
Son falsos socialistas y políticamente correctos. A metros de sus teatros habemos jóvenes pobres que dominados por la paupérrima cultural que nos van legando, no hacemos otra cosa que exponer lo salvaje de nuestra raza. Somos nosotros los que necesitamos de la técnica e imágenes inspiradoras que nos motiven sostener el tremendo peso de nuestras costumbres populares.

Pero ellos serán tratados como productos, ellos serán desde hoy y para siempre los que no me representen en Febrero.

El Escribidor

miércoles, 29 de enero de 2014

El Cantor Nuevo


Yo soy cantor nuevo de coplas y vidalas,
canto porque mi pobreza nunca fue cantada.
De chango las tristezas se me juntaban
 y tenia que pechar pa´ dentro la inspiración
nonata moría la copla, nonata moría la canción.

A mi tata nunca le alcanzau,
pa´ andar macaneando con cajas.
Y en las siestas tristes de Chayas,
 bajo el parral Él me aconsejaba:
No se ande trepando en alegrías ajenas.
Los pobres solo somos dueños de sudor y de penas.

Y acá me tienen señores,
Como cántaro que la lluvia ha llenau
Con una caja, en febrero y enharinau
 Vengo soltar mis pensamientos 
Que de maduros ya cuajan
Canto para los anonimos que no cantan,
Canto para los anónimos que no tienen caja.


El Escribidor

domingo, 3 de febrero de 2013

La desgracias de Mengucho

Las campanas de la iglesia del pueblo repicaron tres veces anunciando que alguien había muerto. Nos enteramos quien era cuando el peón de la casa llegó con la noticia. Strataba de Don Jeremías Nolasco Bazán, "Mengucho". Hacía más de cuatro décadas se había ido a Buenos Aires, después de haber sido sospechado del robo de un arado. Luego de demostrar su inocencia ante las autoridades, ofendido, decidió marcharse para no volver nunca más a Chuquis.

No se sabe como murió. Se comentaba que había sufrido un accidente de tránsito, pero no se conocían los pormenores. Algunos en el pueblo dicen que se desmayó en medio de una avenida y fue atropellado por un camión. Otras versiones afirman que cruzó la calle sin mirar, ante los que otros decían; - ¡No era tan pelotudo, llevaba más de cuarenta años viviendo en capital federal!.- 

Nadie sabía la verdad. Esperaban que llegaran sus hijos para que cuenten con detalles la desgracia. Solo se sabía que el accidente sucedió el Jueves, pero el Juez autorizó la entrega del cuerpo a sus familiares recién el sábado y que iba a ser trasladado desde Buenos Aires a Chuquis en Ambulancia. Lo iban a traer en avión, pero costaba más de veinte mil pesos que ni la obra social, ni el seguro cubría. 

El domingo amaneció nublado y en silencio. Solo se escuchan pájaros a lo lejos. Nadie encendió radios ni telivisores.

Una combi blanca entró lentamente al pueblo. 

Pedro Ceferino Bazán, hermano más chico del finado, fue el encargado de organizar el velorio. En plena madrugada abrió y limpió la casa abandonada de "Mengucho". Hizo ampliar el nicho familiar, carnió un ternero y encargó a las hermanas Salinas el rezo del novenario. 

Lo velaron a cajón cerrado hasta el lunes. La carroza fúnebre de una empresa privada de Aminga partió a paso de hombre camino al cementerio. La viuda, a quien pedro solo conocía por cartas y fotos, le habló en voz baja:
- Después digamé cuanto gastó para devolverle.
_ No se haga problema, ya está todo cubierto.
_ ¿Cómo? ¿Qué hizo?
_ Vendí ese arado de mierda.



El Escribidor

martes, 29 de enero de 2013

Una vez fuí niño

Cuando se fue tenía 4 años. Creo que hasta ese entonces fui un niño normal, o mejor dicho; hasta esa noche fui niño. 
Ya pasaron casi dos años que no la veo. Recuerdo todo como si hubiese pasado ayer...


Caminamos rápido. Voy casi colgado de su mano y corro cuando no alcanzo su paso. Presiento que algo va a pasar. Mientras tanto hago silencio y me limito a caminar a la par.

Nos acompaña un pariente lejano. Mis pensamientos fantasiosos no me dejan escuchar su diálogo. 

Llegamos a la estación de servicio del pueblo. Me compraron una bolsa de caramelos y ella me dijo:

_ Portate bien, no hagas renegar y comé toda la comida.

Me quedé perplejo. Creí haber comprendido lo que estaba por suceder. 

_ ¿Donde vamos? - Pregunté en tono triste y casi con ironía.

Veía que su cara no era la de siempre. Su mirada casi desorbitada, estaba fija en la nada.

_ Donde vamos? - Repliqué.

_ A ningún lado - Respondió.


Había otras personas esperando. Era de noche y hacía frío.
De repente llegó un omnibus. Puso balizas, frenó. No sé de qué escapaba. No entendía qué necesidad podía llevarla a abandonarme.  

Ella se agachó, me abrazó, me besó y se despidió llorando.

_ No!, no te vayas mamina...No te vayas por favor. Prometo decirte mamá, prometo ser bueno. No te vayas!.

Esa noche un monstruo de metal engulló su figurar y se la llevo.

Nunca más he vuelto a llorar como aquella vez. El pecho se me cerraba y casi no podía respirar. Las lagrimas, los mocos y la saliva dulce, erosionaron mi alma de niño para siempre.



El Escribidor

viernes, 17 de agosto de 2012

Naceré

Hola Mamá. Ha llegado el momento de separarnos. Tu obra ha finalizado. Solamente tu sabrás y en mi inconsciente quedará guardado este tiempo de Amor y Paz. Nos separaremos para ser dos.

Veré la luz y naceré por primera vez. Lo haré notar con mi llanto necesario, mi vulnerabilidad y mi dependencia. Naceré también cuando haga mio tu perfume, tu voz y cuando logre mirarte e identificarte. Naceré  cuando me aferre con mis manitos a tus dedos, sintamos que nos amamos y valoremos el tiempo que nos hemos esperado. 

Naceré cada noche cuando te necesite y te llame en la oscuridad de tu casa, que será mi hogar.
Naceré cuando logre pronunciar mi primer palabra, cuando pueda ponerme de pie y logre dar mis primeros pasos. Naceré en mi infancia, en mis preguntas y mis ocurrencias. Naceré cuando descubra la diferencia entre lo bueno y lo malo. Naceré cuando notes mi crecimiento y cuando percibas que hay algo tuyo en mi. Prometo ser yo mismas y confiar en ese ser que creaste en este tiempo.
Naceré cuando me convierta en una mujer y descubra el mundo en otras personas, cuando sea capaz de valorar y comprender.  Naceré cuando despierte sentimientos en esas otras personas, cuando me enamore, me conmueva y me haga vibrar el amor mutuo. Naceré en mi rebeldía, mis caprichos y desobediencias. Naceré en mi soledad no consentida, en mis frustraciones, cuando me decepcionen y aprenda que en mis sentimientos y posibilidades está el valor del tiempo, las personas y las cosas. 

Naceré en mi madurez y mi independencia. Naceré en mi esfuerzo y en mis propios logros. Naceré en mis pasiones y creaciones. Naceré en mi plenitud y decadencia.

Tu me veras nacer. Naceré para ti. 

Y cuando el tiempo nos separe nuevamente, cuando ya nada de ti quede acá...ese día, ese día tu nacerás en mi y te haré eterna.



El Escribidor

jueves, 19 de julio de 2012

Mi rincón en el mundo

El colectivo se perdió en un ancho camino de arena, el ruido del motor se desvaneció lentamente como un eco en el vacío. Me quedé parado en medio de la que parecía ser la única calle del lugar, solitario en la siesta silenciosa de un viejo pueblo del interior de La Rioja. Tenía la mirada molesta por el sol, todavía conservaba el jopo peinado, pero la nuca la tenía despeinada. La camisa lisa celeste un poco arrugada y fuera de la cintura del pantalón de gimnasia y con uno de los mocasines de cuero chancletiado. Figura propia de un turista mal dormido y un chofer apurado.
     Sostengo en mis manos la caja de un televisor moderno atada con hilo sisal, que en realidad es mi fina valija improvisada. De televisor moderno solo para aparentar un buen pasar. En mi espalda soporto el peso de la mochila de una desconocida orquesta llamada “Iron Maiden”, en la cual transporto una botella de coca de tres litros con jugo saldan de naranja y un "taper" de helado de grido de tres litros (Vainilla, Frutilla y Dulce de Leche); conteniendo sanguchitos de milanesas que me preparo la mámi para el viaje.
     Siempre creí que los gallos cantaban al amanecer, sin embargo el kikiriqueo de un gallo rompió el silencio del lugar. Un perro anunció mi presencia en el pueblo con ladridos desde el fondo de una alta y vieja casa de adobe, situada en esa avenida de arena donde todavía me encontraba parado buscando una sombra para planear mi estadía.
     Los ladridos se hicieron cada vez más cercanos y mis pensamientos comenzaron a convertirse en palabras.

_ San Roque, San Roque...que ese perro ladre, pero que no me toque!

     La enorme y reseca puerta de madera de la casa se abrió, y una orden adiestradora de canes sonó:

_ Rajá pa' dentro Choco y mie! Da!..pa dentro te digo!. Andar ladrando a la gent...miecha che!

     Ahí la vi. Su remera de "Los Palmeras", un chupín rojo suave cuya bragueta atada al botón con un elástico dejaba ver una bombacha de encaje gris, que tapaba una pelvis que quería escapar como la teta de una cámara de bicicleta.   Cómo olvidar esas sandalias de taco bajo, con una tira detrás y un hueco en la parte de adelante por donde salía el dedo gordo quedando los otros aprisionados.

     Mi mirada se fijó en su cuerpo voluminoso, formando en mi mente una imagen que quedó guardada para siempre, como la sombra que proyectaba en la puerta de aquella centenaria casa. No lo sé, habrán sido las feromonas que emanaban mis axilas o simplemente amor a primera vista. Esa tarde quedó en mi recuerdo para siempre.
     Luego de la orden, el perro puso su cola entre las patas, tiró sus orejas para atrás y entró caminando agachado y lentamente hasta su cucha.
     Sin saber qué hacer, en tono de turista internacional le pregunté:

_ ¿Sabes dónde puedo alojarme?
     Sustituí la palabra “dormir” por “alojarme” para denotar lo que me sentía: un codiciado foráneo. 

_ Si... ha visto, aquí como a tres cuadras, siga derecho va a ver un cartel que dice: Parada Nº8 Cotil. Ahí vive doña Vicenta Alcaraz viuda de Chanampa. Ella sabe recibir gente y dar de comer.

     Su tonada era simpática, pero sexi a la vez. Mi intención era entablar una conversación, pero no se me ocurrían excusas, así que acudí a la apariencia de trotamundos;

_ Sería como un Hostel...¿Digamos?.
_ ¿Cómo dice?
_ ¿Es como un hotel? ¿Un apart?
_ Cla...ella tiene piezas, ¿vio?. Usted hable ahí con ella, ella le va a decir...siga derecho por ahí, ¿Quiere que lo acompañe?.

     La pregunta causo un cosquilleo en mi estómago y un fruncimiento en el upite. Mi respuesta fue inmediata, como el manotazo a la caja en la que traía mi vestuario.
     En el camino no me animaba a mirarla. Caminaba haciéndome el coqueto y mirando hacia abajo.

_ ¿De dónde viene? - 
Me preguntó.
_ De La Rioja...de la Capital mejor dicho.
_ Yo cuando era chica mi papá me sabia llevar pa' los treintaiuno de diciembre. Despué semos empezado a quedar porque esta fiera la cosa y hay que cuidar lo animale.
_ claro...si, si. ¿Cómo te llamas?
_ Nancy Eusebia Mercado. Y su gracia ¿Cómo es?
_ Y...Escribir boludeces de vez en cuando.
_ ¿Su nombre...?
_ Metrero... me dicen.

     Las tres cuadras se convirtieron en metros y la compañía de Nancy se hizo fugaz.

_ Aquí es.

     Golpeó las manos y gritó:

_ DOÑA VICENTAAA!!! aquí la BUSCAN!!!.

     Se despidió, dió media vuelta y regresó a su casa. Fue inevitable deslumbrarme mirando su ancha espalda y los sensuales movimientos de su cintura oculta. Su andar femenino me distrajo por un bello instante que fue interrumpido por el golpe de un palo de escoba usado como bastón por una anciana encorvada, de cabellos blancos y ropa oscura. Habrá tenido unos ochenta y nueve años.

_ ¿Qué se le ofrece?
_ Ando buscado donde dormir.
_ Pase.
     Agarré mis cosas e ingresé. Era una de esas casas tipo chorizos de techos de palo y cañizos. El piso era de tierra y estaba recién regado. Había ese perfume a adobe y a casa vieja. Cruzamos un especie de comedor que en el centro tenía una mesa con un viejo mantel de hule y un pequeño jarrón con flores plásticas descoloridas. La pared estaba adornada por un almanaque de 1976 y el retrato de una joven pareja; de esos que tienen las abuelas, cuyo torso eran pintado y las caras se muestran casi de perfil.
     De repente se encendió el motor de la heladera Siam, que estaba apoyada sobre unos ladrillos y tenía en su techo un alcancía típica de yeso en forma de chanchito de boca.
     Ella caminaba lento ayudada por el bastón. Entramos a un pasillo y me indicó cual era mi habitación y me preguntó;

¿Por cuánto tiempo se va a quedar?
_ Hasta que se me acabe la plata...hasta mañana o pasado calculo... Cuanto me va a cobrar la noche?.
_ Cinco mil pesos la noche. 

     En plata vieja aclaró. La equivalencia en moneda actual eran cinco pesos. Acepté gustoso. Si cinco pesos me salía dormir, calculaba cinco para comer y cinco para despilfarrar por las noches, en esos lujos que solo en vacaciones son posibles. Entonces si iban a ser quince pesos por día, podía quedarme una semana completa. 
     Puse la mochila en una silla de asiento de cuero que había en la pieza y la caja con mi ropa la metí en un ropero que guardaba trajes viejos, que no quise curiosear porque me quería recostar un rato. La cama era de hierro y tenía un colchón relleno con lana de oveja. Era muy cómoda. Puse las manos en la nuca y me quedé mirando el techo pensativo; ¿Cuantas cañas habrá? ¿Tendrá novio Nancy? ¿Vivirá sola la viejita? ¿Las telas de araña serán de una araña pollito? ¿Sabrá la viejita lo que es un Ipad?.
     Miro el reloj y eran las seis de la tarde. Estaba de vacaciones y no quería perder un segundo tirado en la cama. Así que decidí ir a recorrer el pueblo.
     Salí de la pieza y fui hasta la cocina. Estaba la anciana soplando para que enciendan unas astillas en un brasero.

_ El baño?_ 
Le pregunté.
_ Al fondo, frente al gallinero.
     Salí al patio y me dirigí a una letrina recubierta con chapas, que estaba como veinte metros de la casa. Solo necesitaba lavarme la cara, así que saque agua de un tacho de doscientos litros que había cerca y me hice el peinado con cresta, como de costumbre.
     No había nadie en la calle. Caminé las tres cuadras hasta el lugar donde me había dejado la combi. Miré la casa de Nancy y me demoré a propósito simulando que me ataba los cordones de los mocasines. Estaba todo cerrado y no salió ni el perro.
     Seguí caminando y doble en una esquina. Llegué a una plaza que tenía unos árboles enormes que eran movidos por el viento zonda. Recorrí los alrededores y solo vi a un hombre sentado en una silla en la puerta de un negocio que tenía una publicidad del grupo "Manzana".
     La capilla estaba abierta, pero no había nadie. Aburrido por tanta soledad, decidí volver a tomar unos mates con doña Vicenta.
     Caminaba a la casa cuando me encontré de sorpresa con Ella, la única razón por la que podía quedarme a vivir en ese pueblo desolado; Nancy. Venía con una bolsa de los mandados.
     Son esas cosas de la vida que no podes creer que sucedan, que al reflexionar terminas con la profunda conclusión; "Por algo pasan las cosas".

_ ¿Cómo le va? ¿Se va a quedar en doña Vicenta nomás?
_ Si. ¿A dónde vas?
_ A comprar pan
     Un segundo después de terminar de pronunciar la “n”, no pude contenerme, la BESÉ. Si... Nunca besé a nadie de esa manera.
     Ella no puso resistencia, solo cerró los ojos, encogió los hombros y abrió las manos dejando caer la bolsa y el papelito que envolvía la plata del mandado. En ese momento no me importaba si era casada, si estaba comprometida o si había enviudado. Me dediqué a amarla en un instante infinito. 
     Terminamos de besarnos, tomé su cara con mis dos manos y nos quedamos con las frentes juntas, los ojos cerrados y sin aliento. Exhaustos de amor, abrimos los ojos, nos miramos... y ella dijo;

¿No tiene un chicle?

     Saqué del bolsillo de mi camisa la bolsa de nailon con los caramelos. Eligió el último media hora que me quedaba, y una gomita triangular de menta. Alzó la plata, el papel donde tenía escritas las cosas que debía comprar y se alejó de mi sin permitir que la acompañe.

_ Después se vemo!
_ ¿Cuándo?
_ Esta noche lo paso a buscar...
_ A quiora?!
_ Tipo diez, después del noticiero...
     Se fue apurada y yo me quede parado con mis dos manos abriendo la bolsita, viendo como se alejaba de mi nuevamente.
     Volví a casa de doña Vicenta. Estaba comenzando a oscurecer. Una polilla daba vueltas y golpeaba el amarillento foco del comedor. La temperatura había disminuido.
     Fui hasta la cocina y la anciana estaba sentada en el mismo lugar, remendando unos trapos que vaya a saber que eran. Su mirada se iluminaba con una pequeña llama del brasero. No quise interrumpirla. Di la media vuelta y fui a la pieza.
     Recostado en la cama, comencé dormitar. Mis tímpanos percibieron el movimiento de la cortina que servía de puerta.

_ Acá le traigo un pullo por si le hace frío a la noche...
_ Doña Vicenta!. Justo le estaba por preguntar como hago para bañarme.
_ Tiene que llevar al baño agua en el balde y la jarra para mojarse.

     La viejita se fue y me puse a preparar la ropa que iba a ponerme para la cita. Saqué el mejor calzoncillo que había llevado, un par de medias nuevas, las zapatilla de salir, el pantalón de vestir que usé en la recepción de séptimo, la remera de marca dudosa y la campera de cuerina negra. 
     Crucé el patio para llegar al baño con el toallón bajo del brazo, el balde de 20 lts y chancletiando los mocasines.
     A los minutos me encontraba interpretando la célebre melodía “Violeta” de Alcides parado sobre una palangana y echándome agua con la jarra como en una sección de fotos para esas revistas que consume el público femenino. Cuidando de no perder el equilibrio; cierro mis ojos grises para que la espuma del champú (que llevé en una botellita de remedio) resbale en forma ondulante por mi escultural cuerpo y se pierda por la letrina del improvisado baño.
     Ya en la pieza, reprimo mis glándulas sudoríparas con Odorono en crema y modelo mi distinguida cresta con naranja amarga. Un poco de colonia “Pibes” y estoy listo para adueñarme del corazón de cualquier mujer.
     Me voy nuevamente a la cocina a calentarme con el bracero y a esperar a la llegada de Nancy.
     Vicenta sigue cociendo en silencio. Me puse cerca y le pregunté;

_ ¿Usted vive sola?.
     Tardó en responderme. Cortó un pedazo de hilo de cocer con su boca, suspiró suavemente y me respondió con voz triste que vivía sola desde hace mucho tiempo. Me contó que su casa era grande porque ella tuvo una gran familia que el tiempo diluyo. Su esposo, un fornido trabajador de campo había fallecido hacía treinta años. Con él tuvo siete hijos que se marcharon a vivir a otras provincias siendo apenas adolescentes. Desde entonces sabía muy poco de ellos. Tres varones y cuatro mujeres. Me dijo que en la última carta de su hija Rosa, la más chica de todas, le contaba que trabajaba cama a dentro en una familia que la trataba muy bien. De los otros no sabía nada desde el año 96, cuando vinieron para la última navidad que pasarían juntos. 
     Le pregunté si los había buscado. Por su mirada me dí cuenta que no. Me dijo que nunca insistió en buscarlos porque no quería ser una carga para ninguno. Rezaba para que ellos fueran tan felices como lo había sido ella.
     Me dijo que no los extrañaba tanto como los tiempos en que la casa se llenaba con los gritos y corridas, o las noches de pasión con su fiel marido. Entendía que esos momentos no volverían jamás y que aquella felicidad se había marchitado como su juventud. Solo esperaba la muerte como corolario de una vida anónima, pero intensa, que destelló en un rincón olvidado del planeta.
     Alguien golpeó las manos. Era Nancy. Ya estaba oscuro, pero sin embargo pude ver que estaba hermosa. Llevaba unos jean de esos que tienen tribales bordados en las botamangas anchas y en los pies traía puesto unos suecos suela de madera adornados con chinches.
Con voz tímida me saludó:

_ Buenas noches, ¿Cómo le va?
_ Podes tutearme
     Se quedo mirando el suelo y parecía haberse incomodado. Yo me sentía medio arrogante y también me había incomodado.

_ Bueno...vos sos de acá, decime qué podemos hacer.
_ No sé, ¿Qué quiere hacer?
_ Tengo un poquito de hambre.
_ Hay un almacén que ponen mesas en la plaza, ahí podemos pedir algo.
_ Bueno, vamos.
     Llegamos a la plaza y nos sentamos frente al negocio que tenía el poster de "Manzana". De ese mismo lugar se cruzó un hombre morocho, de bigote, gordo con una rejilla en la mano.

_ Qué se van a servir?
_ Buenas noches, ¿Que tiene para cenar?
_ Pizza, Milanesa al plato y Sandwich.
_ ¿De qué son los Sanwitch?
_ De milanesa
_ Una pizza, entonces.
     Pensando en mis posibilidades diarias de cinco pesos, creí que pizza iba a ser lo más coincidente con mi presupuesto.
     Fue una velada inolvidable. Hablamos boludeces. Ella nunca entendió que es internet y menos que menos facebook. Yo tampoco entendí por que las mulas no pueden tener cría y menos que menos la diferencia entre higo y breva.
     Terminamos de comer, no importa quién pagó, y nos fuimos a caminar. Dicen que los momentos de seducción hay que generarlos, pero esos instantes eran creados por seres mágicos de otros universos.
     Después de caminar 18 vueltas a la plaza me dijo que se tenía que ir. La acompañe hasta la puerta de su casa.
_ Bueno Don Metrero, muchas gracias, muy lindo y muy rico todo.
_ Gracias a vos, pero la próxima vez pago yo.
_ Bueno chau...
_ Chau.
_ Chau...
_ Chau!!!
_ Chau, dale...entrá.
_ No no...comience a caminar usted. Chau.
_ No entra vos y yo me voy. Chau
_ No no no...chau
     Al igual que la primera vez la besé de prepo. Esta vez con la complicidad de la noche, el beso despertó la lujuria. Comencé a tocarle un pecho y no me dijo nada. En realidad no me dijo nada porque lo que tocaba no era su seno, sino un pliegue de su abdomen.
     Hicimos el amor parados en la puerta de su casa. Ella nunca puso resistencia, solo se encargó de amarme casi dos veces.
_ Que fogoso que es usted, pero mejor vallase porque se va a levantar mi papá en seguida nomás.
_ Bueno, mañana nos veamos de nuevo.
_ Bueno, chausito.
     Habrán sido como las tres de la mañana. Nancy entró a su casa y me quede solo, excitado en medio de una noche oscura sin luna, en un pueblo silencioso y desconocido. En un instante el placer se convirtió en terror.
     Mientras caminaba pensaba que le tendría que haber pedido que me acompañe hasta la casa.
     Llegué asustado. Menos mal que la puerta estaba abierta. Entré a la pieza, prendí la luz y me acosté vestido. El pánico se apoderó de mi imaginación:

_ Y si Doña Vicenta está muerta en la otra pieza...
_ Y si me aparece el alma del esposo de doña Vicenta...
_ Y si la deje embarazada a Nancy
     Para el colmo me habían dado ganas de orinar y tenía que ir al baño que quedaba en el fondo de la casa. Ya estaba acostado, no me había lavado los dientes, ni sacado los zapatos. Me relaje dormí con miedo. Al otro día me desperté meado hasta la nuca.
     Desde aquella noche nos amamos en todos los lugares solitarios del pueblo. A la siesta mientras dormía doña Vicenta, en el campo cuando buscábamos leña y a la noche en la puerta de su casa.
     La semana había pasado y el día más triste de las vacaciones llegó. La combi apareció en el mismo horizonte donde se había perdido cuando me dejo.

_ Prometeme que me vas a escribir.- Me dijo Nancy llorando.
_ No llores, porque nadie merece tus lágrimas y el hombre que merezca no vendrá de vacaciones acá.
_ ¿Qué puedo hacer para que te quedes a vivir conmigo?
_ No podemos hacer nada. Tengo que volver.
_ Yo voy a hacer algo para que te quedes conmigo.
_ Qué vas a hacer?
_ No olvidarte nunca.
Con esas últimas palabras salude a doña Vicenta y subi a la combi.

Me quede mirándola desde a dentro de la combi. Mirándonos a los ojos, apoyamos mano con mano en la ventanilla y el chofer aceleró lentamente el motor. Nancy comenzó a correr por detrás de la combi gritando que me amaba y no me iba a olvidar nunca. Abrí la ventanilla, saqué medio torso y las saludaba mientras me alejaba:

_ Adiós... adiós...!!! Gracias por todo!!!.
     Después vi que Nancy desapareció en una polvareda de tierra. Se había hecho cagar de un golpe porque había pisado mal con los suecos, esguinzandose el tobillo y cortado los ligamentos cruzados.
     Media hora después ya estaba llegando a La Rioja. Volver, ver las casitas de block, una doña regando la calle, chanquitos jugando, el aire de tardecita soleada y ese no se qué de mi tierra; me hizo dejar atrás aquella historia de amor y darme cuenta que no podría vivir en otro lugar que no sea mi lugar en el mundo.

El Escribidor

viernes, 22 de junio de 2012

Una vieja propuesta



Esta publicación la realicé en el año 2008. Hoy la leí y consideré importante actualizarla y re-publicarla.

Esta es una propuesta para la “Honorable” Cámara de Diputados, ante quien solicito que se considere como anteproyecto de ley el reglamento del juego de LAS BOLITAS.

Introducción

Los niños hoy chatean, facebooquean, etc. A los 8 años crean su primer facebook y muestran fotografías que para los pedófilos son papita pal loro, facilitando también el laburo a los secuestradores de “Hombre en Llamas” (la niñita tenía facebook). Esto son hechos que suceden porque las reglas de las bolitas no están claras. Por este motivo señores diputados veo necesario si se quiere recuperar las “niñeces” perdidas debemos hacer ley el siguiente reglamento de bolitas:


LEY PROVINCIAL DEL JUEGO "LAS BOLITAS"De los términos

Para la mejor comprensión de este reglamento se aclaran los siguientes conceptos:
Anchera: dícese de la bolita preferida, de dominio y puntería absoluta que una persona puede tener. 
Lampe/lampase/lampareis: pagar apuesta.
Carcañar: rajadura o ruptura de la bolita producto de la colisión intencionada. 
Tincar: ejecutar un lanzamiento de la bolita con los dedos. Este termino también puede ser utilizado para explicar la ignorancia ajena con la expresión “no la tinca”.

De los instrumentos

Trampunte: linea perpendicular al ecuador que pone límites al campo de juego.
Porra: círculo de diferentes diámetros donde se pondrá la parada. Si se cae dentro de este espacio el jugador queda “orcado”.
Honguito: crater o bache hecho con el talón donde se debe meter la bolita para adquirir el derecho de que se le lampe. 

Del juego

Art.1_ Este juego será controlado por la Administración de Juegos de Azar de La Rioja. (AJALAR) 
Art.2_ Podrá ser jugado por dos o más personas, siempre y cuando acuerden la parada. Entiéndase por parada a la apuesta realizada en este juego.
Art.3_ Las unidades tendrán los siguientes valores

  • Comunacha 1
  • Japo 2
  • Lechera 2 o 3
  • Bolon comunacho 5
  • Bolon Japonés 10
  • Bolon Lechero 15
  • Acero (el valor deberá ser acordado antes del juego) 
Art.3_ Las bolitas es un juego serio, solo podrá ser jugado de a DEVERAS. Si alguien es sorprendido jugando en CHANCITA será castigado con la retención de la anchera hasta que el juez de paz lego lo determine. Además será multado con cinco japo.
Art. 4_ Los jugadores podrán cantar “corteculchive/o” lo que significa que se jugará hasta que algunos de los dos termine sin bolitas y se vaya llorando a su respectivo hogar. En este caso el ganador queda amparado ante el reclamo “devolvele las bolitas a m hijo grandote pelotudo” que la madre, padre y/o tutor del perdedor hiciese. 
Art. 5_ La muerte que se nos cumpla será el expresión usada para realizar la persecución hasta carcañarse sin el derecho a retroceder. Los jugadores podrán usar mapas, GPS y/o afines. 
Art.6_ Dale cuerra: extender la trayectoria de la bolita. Solo si le pega en el pie a alguien. 
Art.7_ El jugador podrá entorpecer el juego de su contrincante con los siguientes cantos: 
  • “Pa que no me limpie y no me haga bordito”.
  • “Trampunte que no le valga”.
  • “Pa que no cambie”
  • “uno y dos que no le valga”
  • “pa que no me cante”
Art.8_ Los cantos excesivos serán multados con la lampada de un bolon lechero.

Del tincazo

El lanzamiento deberá realizarse previo trazado de una línea desde el punto de ejecución. También el jugador deberá hacerla bailar, es decir hacerla girar sobre un eje imaginario. Esto permite el calentamiento de los dedos para el tincazo y la intimidación del contrincante.

De la historia

Es importante aclarar que este juego fue prohibido en una época por su clara apología a la droga. Según se dice que la porra hace referencia al porro y el honguito al Floripón (hongo alucinógeno). También se quiso prohibir por fomentar practicas satánicas por cantos y escrituras de cruces en la tierra a modo de gualicho para impedir ser quemado por la bolita ajena.

Señores diputados…he aquí mi propuesta para salvar a los niños de la delincuencia y la pedofilia.
El Escribidor