domingo, 9 de febrero de 2014

Profanadores

No son otra cosa que profanadores y mercaderes de la esencia de nuestras costumbres. Se involucran temporalmente como aves de rapiña y se llevan nuestra carne para alimentar a los que sean capaces de pagar por ella. Son profesionales del entretenimiento y bufones de la oligarquía, cantores de coplas con rimas elegantes, que esperan del bolsillo del usurero un favor o la palmada mentirosa en el lomo que confirme su pertenencia a esa aristocracia.

Protegidos por cobardes muros, juntados con elites ingenuas y aduladoras, alimentan las bestias hambrientas de sus ego. 

El más hábil de ellos es como una perra en celos al que persiguen otros sedientos de reconocimiento. Hacen sacrilegios cuando recrean en forma ficticia lo que en las calles de barrios, pueblos, entre anonimos y olvidados, nace de forma natural. Donde Chayar con desconocidos no es más que un acto salvaje de amor. Donde los tímidos que cantan sus penas después de ahogar la verguenza con vino, en marzo vuelven a sus vidas cotidianas a las que abrazan en febrero como musa inspiradora de coplas.

Son falsos socialistas y políticamente correctos. A metros de sus teatros privados, el pueblo festeja un ritual donde predomina el lado barbaro de nuestra especie. Se libera lo reprimido y lo irracional desnuda los sentimientos mas naturales del universo. Paradójicamente, es esto lo que ellos aborrecen.

Ellos serán desde hoy y para siempre los que no me representen en Febrero.


El Escribidor

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