martes, 10 de marzo de 2020

La religión perdida - Cap 1

Ciudad de Todos los Santos de la Nueva Rioja,
26 de Febrero de 1610.

Recuerdo la maloca donde tomé prisionero al último chaman de Aimogasta. Mi memoria no olvida esa noche. La noche antes que lo mataran. Fue condenado a la hoguera porque así lo determina la inquisición española para los casos de brujería y herejía.

Estuvo dos días atado a un algarrobo que sombreaba un corral de cabras, en el campamento de olivicultores. No hacía falta atar a ese hombre octogenario, medio desnudo y lastimado que no mostró resistencia en ningún momento. Intimidaban sus casi dos metros de altura y rasgos toscos. Sin embargo, habría sido suficiente con ordenarle que no se moviera.
Victorino Peñaloza es mi nombre. Fui alfer de la unidad los Tercios Españoles. Me dieron de baja injustamente por discapacidad al perder dos dedos de la mano en la guerra de Alpujarras. Desde entonces soy maloqueador. Me fue fácil aprender de árabes y portugueses el oficio en el norte de África. Mi fama llegó a oídos de conquistadores del nuevo mundo y una oferta de doscientas mil varas de tierra y esclavos me fue propuesta por el conquistador Blas Ponce. A cambio, debía colaborar con su campaña en el sur de América, cazando esclavos. 

Zarpé de España el 26 de febrero de 1580. Desde entonces, nunca más he vuelto a ver el valle de Ebro. Al llegar a Santiago del Estero comencé de inmediato con mis tareas de encomendero. Durante veinte años administré salvajes de manera astuta, fría y cruel. Soy el único soldado que aprendió la lengua kakana. Fui felicitado y premiado. 

Luego de la fundación de esta ciudad, me pusieron al frente de una exploración hacia una zona que los nativos llamaban "pueblo de la vuelta oscura", y pronunciaban "Aimogasta". Un lugar árido pero muy fértil, apto para el cultivo de oliva. Mi misión era conseguir la mano de obra esclava necesarias para las labores de aquel emprendimiento. Maloqueábamos en la falda de los cerros cercanos. Cazábamos salvajes mansos. Eran altos y fuertes, comparables con los negros africanos que compraban los franceses a los árabes. 

En un atardecer, cabalgábamos de regreso al campamento. De repente en una loma en el valle de la paloma ("Udpinango"), se veían destellos que salían de una cueva. Me separé de la tropa y fui directo a aquel lugar. Bajé del caballo, desenfundé mi espada y me acerqué sigilosamente escondido entre arbustos. Un salvaje anciano y siete hembras estaban en pleno ritual. Bailaban y cantaban imitando sonidos de animales en medio de humo y brebajes. 

viernes, 22 de noviembre de 2019

Carta desde el pasado para mi Hija

Hola María. Acá es 8 de Agosto de 2019. No sé qué día y año es ahí ahora. Cuando leas esto, yo estaré aquí en el pasado. 

En mi imaginación te veo ahí como una mujer a la que necesitaría contarle lo bello y hermosa que eres acá en el pasado. Lo feliz que me haces con tu existencia.

En unos días cumplirás siete años. Todos los días te digo te amo sin pudor e intento fundirme para siempre contigo en cada abrazo que te doy. No logro expresarme completamente, por eso siento la necesidad de escribir estas cosas. Estos momentos que vivimos acá van a ser eternos.  

El paso del tiempo me asegura que en el futuro ninguno de los dos seremos lo que somos acá. Ahora tengo 37 años. Todavía me considero joven. Dentro de pocos años vas a dejar ser niña y yo en menos años de los que ya he vivido dejaré de ser joven. 

¿Cómo es el futuro? Si estoy contigo ahora, me da miedo que muchas cosas sean diferentes. Temo que los abrazos ya no sean tan frecuentes, que la costumbre de decirte te amo haya sido reemplazada por un silencio patético y pudoroso. Que mis chistes ya no te causen risas y mis cosquillas ya no sean tan efectivas para cambiar tu estado de ánimo. Espero haberme resignado sabiamente a dejarte ser, a dejarte elegir libremente. También espero haberme asegurado que seas un mujer libre. Incluso, que ya no me necesites.

Hoy me preguntaste de repente, sin preámbulos - ¿Cual es el secreto que nunca me contaste?. No supe que responder. Pensé qué cosas nunca te había contado. Te conté que viví un tiempo en otro lugar, lejos de acá. Creo que no lo sabías, pero tampoco te importó. No te conformó mi respuesta. 

Tu objetivo era otro. Hiciste una pregunta cuya respuesta ya la sabías. Me dijiste que hace poco te había contado como un secreto, que tenía muchas ganas de comprarme un auto nuevo. Y me reprochaste diciendo - ¿Qué pasó? ¿Por qué no tenes el auto que querías?-. Te expliqué que no es fácil comprar un auto. En realidad, a veces el dinero no es suficiente para comprar lo que uno desea. 

Sin dudar un segundo, y creo que era un plan que también lo tenías premeditado, fuiste a tu pieza y trajiste el dinero de los dientes que ya cambiaste. Me lo diste a todo, sin basilar, para que me compre el auto. 

Ebrio de ternura, pero torpemente con la intensión de explicarte algunas cosas de la vida, te dije; - No alcanza, Hija -. Honestamente no quise engañarte, ni generarte una ilusión que me reprocharías pronto.

Nada te detuvo. Tu lección todavía no había terminado. Me dijiste que ibas a vender dibujos para juntar el dinero que hacía falta. Volviste a tu habitación y te pusiste a trabajar. Apenas terminaste tres dibujos, me pediste que te acompañara a la calle a venderlos. Fuimos a la vereda y comenzaste a gritar - ¡Vendo dibujos! ¡Vendo dibujos!.





Me sentí avergonzado de mi pseudo enseñanzas. Cuando leas esto que te cuento en esta carta, ruego que todavía conserves ese corazón. Que de esa inocencia haya germinado sabiduría y el tiempo te haya forjado esa misma decisión, el coraje y la valentía para hacer posible lo imposible. Para lograr lo que tanto anhelas en la vida. Así, con esos gritos, pídele a la vida lo que quieres. 

Muy temprano ya sabes que lo material es simple de dominar cuando se tiene un alma pura. Porque el objetivo no es ostentar, sino hacer realidad el secreto de tu Padre. 

Pienso que tu alma en ese cuerpito, conserva la pureza del universo y que en cada acto en tu niñez transmites un mensaje divino. En estos siete años me enseñaste a vivir. He tomado en serio cada cosa que dices cuando tu luz encarnada en la tierra transmite mensajes del universo. Mensajes que trascienden lo terrenal, el tiempo y el espacio. Bendita la memoria que escribe en mi corazón estos momentos y fomenta la fe en que seremos eternos.

He visto tu alma. Ojalá alguien mas pueda verte con estos ojos. Ojalá muchos mas puedan verte el alma con los ojos del amor.

Si estoy ahí contigo en este momento, ve ahora y reprochame si no he logrado mis sueños, reclamame si no he alcanzado esos anhelos secretos que te he contado. Vuelve a sacudirme con tus preguntas inocentes. Enséñame como salir a la calle a gritar con el corazón y reclamar el universo que nos pertenece. Porque nada es imposible. Vuelve a enseñarme que la voluntad es el medio. Vuelve a decirme que la vanidad es la peor barrera y que la felicidad se logra con la felicidad del otro. 

Te amo para siempre. 

Tu Papá 
(desde el pasado).


lunes, 22 de julio de 2019

Ladrones de cuentos

- Papá, ¿Me vas a leer el cuento?
- Si Hija, ya voy.

No se que cosas profanas al amor me distrajeron y demoraron. Pasaron varios minutos cuando recordé que me habían encomendado una lectura.

A Ella le encanta que le lea antes de dormir. Monta sobre corceles alados y cabalga en su imaginación. Ella me concede la oportunidad de ser padre y yo, yo siento que somos felices.

Llegué a su pieza, María ya dormía. La ví en la cama sin poder hacer nada. Ya se había embarcado sola en un sueño de niña. Y quedé ahí parado solo, como viajero que llegó tarde a su embarque, y desde el muelle, mira como el barco se pierde en el horizonte.

Ya no podía hacer nada. Despertarla sería cometer una crueldad ridícula para apaciguar la culpa. Además, nada tendría sentido.

Debo marcharme derrotado. El tiempo y los sin importancia le robaron un cuento a mi Hija, y dejaron como rastro el remordimiento por haber perdido un momento de mi vida.

viernes, 22 de febrero de 2019

Detrás de esa reja


Ahí afuera está quien quiero ser. Ahí afuera están mis sueños, mis anhelos mas profundo. Llegué acá adentro solo. Nadie me trajo. Un dia desperté siendo el asesino de mis fantasías de niño, desperté siendo quien mató el ser anhelado.

Estoy encerrado en la persona que no quiero ser. Esa es mi condena. Estoy pagando el delito de haber dejado de soñar, el delito de no haber luchado para ser quien debí ser. El delito de no ser mejor.

Pero no soy cobarde. Voy a pagar cada segundo de la condena. Tengo la valentía y la fuerza suficiente para despojarme de las culpas, con golpes y gotas de sudor. Porque me sobra corazón y voluntad.
Porque se que la única forma de escapar de esta carcel será superandome, despojandome de la escoria, volar libre y ser quien quiero ser.

El Escribidor

martes, 21 de febrero de 2017

Mientras te alejas en el tiempo



Mientras te alejas en el tiempo,
las lluvias lentamente 
borrarán tus huellas.

Mientras te alejas en el tiempo,
tu respiración volará lejos 
arrastrada por el viento.

Mientras te alejas en el tiempo,
buscaré tu voz en mis recuerdos 
y en ella la respuesta de tu ausencia.

Mientras te alejas en el tiempo,
la luz de tu imagen iluminará mi memoria
hasta que se apague en la oscuridad de mi partida. 



jueves, 2 de febrero de 2017

La Hormiga

Estoy sentadito en el cordón de una angosta vereda de un lugar en silencio y soledad. Los pájaro buscan el fresco en la misma sombra que me da un paraíso. Soy uno de esos niño que la vida desparrama en esta calurosa ciudad y de esos a los que no les gusta dormir la siesta.

El semáforo esta en color rojo pero nadie se ha detenido. Sigo sentado con el mentón pegado a una de mis rodillas que muevo de lado a lado mientras canto en voz baja lo que pienso.

Una hormiga se atreve pasar por debajo del arco que forman mis piernas. Desvío su marcha con un palito que cayó del árbol, pero insiste en continuar por su camino. Dejo caer saliva para impedir su paso. Quiere escapar y con el mismo palito esparzo el espeso liquido donde la hormiga lucha por su vida. De repente, una triste pena me invade y le concedo salvación.

El naufragio termina y ella sigue su camino. No puedo saber si se va asustada o llorando. Me pregunto de donde vino y hacia donde ira. Si su vida es solitaria o si alguien la espera.

Mi espada y mi mágico líquido no son suficientemente fuertes para detener el mundo. Todos escapan como las hormigas y a todos debo perdonarles mi vida. 


lunes, 8 de agosto de 2016

Sabiduría de un Alma Pura

Mi Hija se llama María Concepción y tiene tres años. Su mente es pura, no tiene respuestas pre-establecidas, ni condicionamientos, ni prejuicios. Lo que ella dice es fruto de su mas bello razonamiento. Mi Hija es un ser sabio. Un día le pregunté; 

- ¿Por qué hay niños pobres? ¿Dónde están los padres de los niños que andan solos en la calle?

Ella me respondió: 

- Son pobres porque no tienen padres, se murieron. 


Esa tarde me enseñó que los padres que abandonan sus hijos a su suerte, son personas muertas aunque estén vivas. Murieron porque se dejaron morir, la vida los mató, nadie los salvó y ellos se dejaron morir.

¡¿Cómo podría una persona abandonar un niño?!. En la mente y en el corazón de María, esa posibilidad es remota. Solo podría suceder cuando esas personas se ven imposibilitada por factores involuntarios e inevitable como la muerte. El amor es vida, es voluntad, no hay obstáculos, ni excusas que justifiquen el abandono. Solo la muerte. 

Fragmento de la conversación: