viernes, 22 de noviembre de 2019

Carta desde el pasado para mi Hija

Hola María. Acá es 8 de Agosto de 2019. No sé qué día y año es ahí ahora. Cuando leas esto, yo estaré aquí en el pasado. 

En mi imaginación te veo ahí como una mujer a la que necesitaría contarle lo bello y hermosa que eres acá en el pasado. Lo feliz que me haces con tu existencia.

En unos días cumplirás siete años. Todos los días te digo te amo sin pudor e intento fundirme para siempre contigo en cada abrazo que te doy. No logro expresarme completamente, por eso siento la necesidad de escribir estas cosas. Estos momentos que vivimos acá van a ser eternos.  

El paso del tiempo me asegura que en el futuro ninguno de los dos seremos lo que somos acá. Ahora tengo 37 años. Todavía me considero joven. Dentro de pocos años vas a dejar ser niña y yo en menos años de los que ya he vivido dejaré de ser joven. 

¿Cómo es el futuro? Si estoy contigo ahora, me da miedo que muchas cosas sean diferentes. Temo que los abrazos ya no sean tan frecuentes, que la costumbre de decirte te amo haya sido reemplazada por un silencio patético y pudoroso. Que mis chistes ya no te causen risas y mis cosquillas ya no sean tan efectivas para cambiar tu estado de ánimo. Espero haberme resignado sabiamente a dejarte ser, a dejarte elegir libremente. También espero haberme asegurado que seas un mujer libre. Incluso, que ya no me necesites.

Hoy me preguntaste de repente, sin preámbulos - ¿Cual es el secreto que nunca me contaste?. No supe que responder. Pensé qué cosas nunca te había contado. Te conté que viví un tiempo en otro lugar, lejos de acá. Creo que no lo sabías, pero tampoco te importó. No te conformó mi respuesta. 

Tu objetivo era otro. Hiciste una pregunta cuya respuesta ya la sabías. Me dijiste que hace poco te había contado como un secreto, que tenía muchas ganas de comprarme un auto nuevo. Y me reprochaste diciendo - ¿Qué pasó? ¿Por qué no tenes el auto que querías?-. Te expliqué que no es fácil comprar un auto. En realidad, a veces el dinero no es suficiente para comprar lo que uno desea. 

Sin dudar un segundo, y creo que era un plan que también lo tenías premeditado, fuiste a tu pieza y trajiste el dinero de los dientes que ya cambiaste. Me lo diste a todo, sin basilar, para que me compre el auto. 

Ebrio de ternura, pero torpemente con la intensión de explicarte algunas cosas de la vida, te dije; - No alcanza, Hija -. Honestamente no quise engañarte, ni generarte una ilusión que me reprocharías pronto.

Nada te detuvo. Tu lección todavía no había terminado. Me dijiste que ibas a vender dibujos para juntar el dinero que hacía falta. Volviste a tu habitación y te pusiste a trabajar. Apenas terminaste tres dibujos, me pediste que te acompañara a la calle a venderlos. Fuimos a la vereda y comenzaste a gritar - ¡Vendo dibujos! ¡Vendo dibujos!.





Me sentí avergonzado de mi pseudo enseñanzas. Cuando leas esto que te cuento en esta carta, ruego que todavía conserves ese corazón. Que de esa inocencia haya germinado sabiduría y el tiempo te haya forjado esa misma decisión, el coraje y la valentía para hacer posible lo imposible. Para lograr lo que tanto anhelas en la vida. Así, con esos gritos, pídele a la vida lo que quieres. 

Muy temprano ya sabes que lo material es simple de dominar cuando se tiene un alma pura. Porque el objetivo no es ostentar, sino hacer realidad el secreto de tu Padre. 

Pienso que tu alma en ese cuerpito, conserva la pureza del universo y que en cada acto en tu niñez transmites un mensaje divino. En estos siete años me enseñaste a vivir. He tomado en serio cada cosa que dices cuando tu luz encarnada en la tierra transmite mensajes del universo. Mensajes que trascienden lo terrenal, el tiempo y el espacio. Bendita la memoria que escribe en mi corazón estos momentos y fomenta la fe en que seremos eternos.

He visto tu alma. Ojalá alguien mas pueda verte con estos ojos. Ojalá muchos mas puedan verte el alma con los ojos del amor.

Si estoy ahí contigo en este momento, ve ahora y reprochame si no he logrado mis sueños, reclamame si no he alcanzado esos anhelos secretos que te he contado. Vuelve a sacudirme con tus preguntas inocentes. Enséñame como salir a la calle a gritar con el corazón y reclamar el universo que nos pertenece. Porque nada es imposible. Vuelve a enseñarme que la voluntad es el medio. Vuelve a decirme que la vanidad es la peor barrera y que la felicidad se logra con la felicidad del otro. 

Te amo para siempre. 

Tu Papá 
(desde el pasado).


lunes, 22 de julio de 2019

Ladrones de cuentos

- Papá, ¿Me vas a leer el cuento?
- Si Hija, ya voy.

No se que cosas profanas al amor me distrajeron y demoraron. Pasaron varios minutos cuando recordé que me habían encomendado una lectura.

A Ella le encanta que le lea antes de dormir. Monta sobre corceles alados y cabalga en su imaginación. Ella me concede la oportunidad de ser padre y yo, yo siento que somos felices.

Llegué a su pieza, María ya dormía. La ví en la cama sin poder hacer nada. Ya se había embarcado sola en un sueño de niña. Y quedé ahí parado solo, como viajero que llegó tarde a su embarque, y desde el muelle, mira como el barco se pierde en el horizonte.

Ya no podía hacer nada. Despertarla sería cometer una crueldad ridícula para apaciguar la culpa. Además, nada tendría sentido.

Debo marcharme derrotado. El tiempo y los sin importancia le robaron un cuento a mi Hija, y dejaron como rastro el remordimiento por haber perdido un momento de mi vida.

viernes, 22 de febrero de 2019

Detrás de esa reja


Ahí afuera está quien quiero ser. Ahí afuera están mis sueños, mis anhelos mas profundo. Llegué acá adentro solo. Nadie me trajo. Un dia desperté siendo el asesino de mis fantasías de niño, desperté siendo quien mató el ser anhelado.

Estoy encerrado en la persona que no quiero ser. Esa es mi condena. Estoy pagando el delito de haber dejado de soñar, el delito de no haber luchado para ser quien debí ser. El delito de no ser mejor.

Pero no soy cobarde. Voy a pagar cada segundo de la condena. Tengo la valentía y la fuerza suficiente para despojarme de las culpas, con golpes y gotas de sudor. Porque me sobra corazón y voluntad.
Porque se que la única forma de escapar de esta carcel será superandome, despojandome de la escoria, volar libre y ser quien quiero ser.

El Escribidor