Un coyoyo verdugo del invierno
hace vibrar mis recuerdos de infancia.
El calor de noviembre ya trae las fragancias
de la humedad de cañizos y adobe.
de la humedad de cañizos y adobe.
Siestitas de pobres,
entre tuscas y algarrobos
que se amichan con una viña orejana
para sombriar la resolana.
Riegue a balde doña María,
llene los tachos don Ramón,
que un santo con Cristo se encontró.
Solo queda enero, la chaya y otro año empezó.
El Escribidor
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