jueves, 2 de febrero de 2017

La Hormiga

Estoy sentadito en el cordón de una angosta vereda de un lugar en silencio y soledad. Los pájaro buscan el fresco en la misma sombra que me da un paraíso. Soy uno de esos niño que la vida desparrama en esta calurosa ciudad y de esos a los que no les gusta dormir la siesta.

El semáforo esta en color rojo pero nadie se ha detenido. Sigo sentado con el mentón pegado a una de mis rodillas que muevo de lado a lado mientras canto en voz baja lo que pienso.

Una hormiga se atreve pasar por debajo del arco que forman mis piernas. Desvío su marcha con un palito que cayó del árbol, pero insiste en continuar por su camino. Dejo caer saliva para impedir su paso. Quiere escapar y con el mismo palito esparzo el espeso liquido donde la hormiga lucha por su vida. De repente, una triste pena me invade y le concedo salvación.

El naufragio termina y ella sigue su camino. No puedo saber si se va asustada o llorando. Me pregunto de donde vino y hacia donde ira. Si su vida es solitaria o si alguien la espera.

Mi espada y mi mágico líquido no son suficientemente fuertes para detener el mundo. Todos escapan como las hormigas y a todos debo perdonarles mi vida. 


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