jueves, 24 de diciembre de 2015

Navidad

Es 24 de Diciembre. Ya son las once de la noche y Él recién vuelve del trabajo. Entra a paso lento, la transpiración ya se ha secado. Con una caja bajo el brazo, ingresa en silencio a su humilde casa. 
Su señora, Mari, una flaca de piernas finas, pechos exuberantes, no ha sido mezquina con los colores de su maquillaje. Es para ella una noche especial. Luce un vestido rojo y unas sandalias usadas que le regaló su patrona. Con un broche se acomoda su cabello marrón, intentando tapar las raíces de meses sin teñirse.

- Dale negro… bañate que ya van a ser las doce. Ahí está el toallón en la soga. Te puse la ropa de salir el calzoncillo nuevo en la cama.

El escucha pero no responde. Ya tiene la camisa de grafa abierta y su panza afuera. Está  parado mirando fijamente un grabador, con la pera pegada al pecho, la lengua a medio salir y haciendo tapón en su boca para que no se desinflen los cachetes. Su cara y sus ojos abiertos sin parpadear, parecen la imagen de un ahorcado. Tiene la mirada puesta en el dial de la radio y busca el programa especial para brindar a tiempo, luego de la cuenta regresiva.

El equipo musical es un invento que consta de dos grabadores conectados a los parlantes de un tocadiscos. En uno anda la lectora de cd que el otro no tiene, pero anda la cassettera y la radio, que en el primero no funciona. Nadie suele tirar cosas que funcionan.

Entre su selección musical cuenta con casettes TDK varios y tres cd de una vieja colección de una revista; Uno es de Palito Ortega, otro de Leo Dan y otro de música clásica.
El de música clásica es cajita nomas. Adentro tiene un CD con un compilado de Pelusa, Sebastián y Carlitos Rolan. Cd que alguien supo descuidar en una fiesta de cumpleaños de 15.

Los chicos ya están bañados y estrenan la ropa de los hijos de la patrona de su mamá. Corren y Juegan en la puerta con una caja de petardos que le compró Mari para que se entretengan mientras ella prepara todo para noche buena. 

Los chicos intentan hacerlos explotar en desagües, en los caños de escape de los autos, en las cerraduras y en todo recipiente cilíndrico que encuentran.

El padre sale por un momento y regresa con una un bulto bajo el brazo:

- Biiieeennn!!! Papi trajo helado!.

Aunque el telgopor es de helados, en realidad es la conservadora con la que fue a pedir hielo al vecino.

Están por ser las doce y la mesa ya está en la vereda de la casa, bajo el paraíso que a en las siestas calurosas da sombra fresca y es el refugio de la familia. Sobre ella dos sidras y un pan dulce. El pollo chilla en el horno y la ensalada de frutas se refresca con dos botellas de hielo en un fuentón de plástico. El perro de la casa, después de dos petardos, desapareció del barrio. Llega el momento cúlmine de la noche, el jefe de la casa se acomoda en la punta de la mesa, en cuero y sin bañarse como todos los años.

La radio anuncia las doce. La pirotecnia es poca por estos barrios. Sin embargo Mari se emociona y llora. Nadie sabe por qué. Le da el beso de cada año a su marido y busca la imagen de un niño en un pesebre pobre que tiene elefantes, jirafas, dinosaurios y leones de plástico. Ella hace que cada uno de su familia le dé un beso de fé. 

Regresa la calma. Los platos están vacíos y el jefe de hogar duerme en la silla. Los chicos buscan los petardos que no explotaron y Mari levanta triunfal la mesa que reunió a su familia. 


El Escribidor