miércoles, 3 de diciembre de 2014

Verano



Un coyoyo verdugo del invierno 
hace vibrar mis recuerdos de infancia. 
El calor de noviembre ya trae las fragancias
de la humedad de cañizos y adobe.

Siestitas de pobres, 
entre tuscas y algarrobos
que se amichan con una viña orejana
para sombriar la resolana.

Riegue a balde doña María,
llene los tachos don Ramón, 
que un santo con Cristo se encontró. 
Solo queda enero, la chaya y otro año empezó.


El Escribidor

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